Comentarios de los padres de la escuela sobre la misma
De un papá de la escuela
Saludos gente linda de "La Cecilia", les escribo el siguiente
mail porque me gustaría compartir con ustedes la experiencia
vivida en el encuentro realizado en el establecimiento.
En primer lugar me gustaría presentarme: mi nombre es César
Justiniano Gaitán, soy padre de la alumna Carmela, y esposo de
la seño Maria Eugenia.
Desde un principio la idea de este evento me pareció muy interesante,
ya que son muy pocas las personas que saben de la existencia de la escuela,
y la mayoria de estas no conocen el sistema de enseñanza que
allí se pone en práctica, una clara prueba de esto es
la sorpresa que noté en los participantes al enterarse de la
existencia de la misma, escuchando comentarios como _ Es increíble
que exista una escuela de tales características. Dicho por una
joven estudiante de educación.
En fin, de mas esta decir que el encuentro me pareció de lo mas
interesante, no solo en lo personal, sino también por lo observado
en las personas que concurrieron al mismo; gente que se preocupa y,
lo mas interesante es que al igual que La Cecilia, se ocupa por la educacion
sana de nuestro futuro que son los niños.
Agradezco a Ginés y Nancy por abernos hecho participes de la
idea de "una educación diferente". Me encantaría
que se repita el año próximo y me pongo a su entera disposición
en lo que pueda serles útil.
César
De Alicia, mamá de dos alumnas antiguas de la escuela
Soy mamá de Candela, que va actualmente a 8°
y Milena, que está en 1°. Ambas han hecho toda su escolaridad
en "La Cecilia", Milena empezando antes aún que Candela,
a los 3 años. Siempre que hablo con alguien acerca de "La
Cecilia" digo que es la escuela a la que yo hubiera deseado ir
de niña: con absoluto respeto a los tiempos y peculiaridades
de cada niño, sin esas tensiones y exigencias incoherentes que
los adultos solemos crearles.
Los primeros días de escuela de mi hija mayor los recuerdo como
de cierta intranquilidad porque uno, que creció al desamparo
de la educación formal, esperaba encontrar un cuaderno con "hoy
es un día lindo de sol", "mi mama me mima" y la
tarea para el hogar. Pasaban esos días y a veces el cuaderno
volvía -para mi desesperación- sin nada en sus hojas.
Confieso que muchas veces me preguntaba si estaría en lo correcto,
si Candela aprendería "lo que se debe", porque más
allá de haber elegido a esta escuela por lo que ofrecía,
uno demora años en sacudirse la resaca que la vieja escuela dejó.
A lo largo de estos años mis hijas y su paso por la escuela me
han enseñado mucho, muchísimo. Las veo crecer felices
allí, disfrutando plenamente (no saben el problema que se me
crea cuando deben faltar porque hay mal tiempo o están enfermas!!!!!!
Es una lucha lograr que acepten no ir a la escuela ese día...).
Y si uno hace una de esas comparaciones a las que no podemos sustraernos
los adultos, lo que puedo ver es que nuestros niños están
mejor preparados que los de la mayoría de las escuelas, con el
agregado de que pueden desarrollar sus talentos, su libertad, su personalidad.
Siempre que voy a la escuela, me entretengo mirando a los chicos en
sus diversas actividades y viene a mi memoria el día que pisé
por primera vez la escuela. Mi esposo y yo nos asombramos al ver la
paz que había allí, la armonía que existía
entre los niños, los docentes y el mismo entorno. No es que los
niños estuvieran quietos o calladitos. Cada uno estaba en lo
suyo, en actividades con las maestras o jugando al aire libre, pero
tranquilos, sonrientes, entusiasmados... Habíamos leído
en el diario de Santa Fe sobre "La Cecilia" justamente en
un momento en que nos ganaba la desesperación sobre qué
haríamos el día que la nena tuviera que empezar a ir a
la escuela y fuimos allí buscando lo que por suerte hallamos.
Volvimos a casa ese día felices y emocionados, convencidos de
que lo que pensábamos era una utopía, en realidad existía.
Hoy, 8 años después de aquel día, seguimos pensando
que la elección fue la correcta y es más: no nos imaginamos
a las nenas en otro lugar. En tiempos en que barajábamos buscar
otros horizontes por cuestiones económicas, la escuela fue un
ancla que pesó para no irnos, porque sabíamos que era
el lugar que queríamos para ellas, el lugar en que nuestras hijas
estarían mejor y crecerían felices.
En estos tiempos de gran inseguridad, donde a los padres nos invade
el temor respecto de nuestros hijos, puedo decir que para mi es una
tranquilidad saber que mis nenas están en este momento en "La
Cecilia". Y eso no tiene precio. Hablo de confiar en que están
cuidadas, contenidas, seguras.
Alguien me cuestionaba una vez diciéndome que "afuera"
había muchas cosas duras para enfrentar y me preguntaba que si
en la escuela no manteníamos a nuestros hijos bajo una campana
de cristal. Digo que no y rotundamente que no. Si bien es cierto que
están libres de las arbitrariedades que suelen sufrir otros chicos,
no viven aislados del sufrimiento humano y la problemática de
nuestra gente: los chicos no son de una elite, conviven como iguales
el de clase media con el humilde, el sano con el que tiene algun problema
de salud y les puedo asegurar que no existe en ellos ni el menor atisbo
de discriminación. Siempre me maravilla eso, son todos pares,
una lección que debiéramos tomar los adultos. Y también
he visto emocionada como cierran filas para asistir, contener y ayudar
a aquel que tiene algún problema.
Algo adicional que es de destacar es cómo a primera vista se
nota quiénes han sido alumnos históricos de la escuela
y quienes recién ingresan provenientes de otros establecimientos
educativos. Nuestros chicos han aprendido a manejar su libertad responsablemente.
No hay problemas disciplinarios con ellos, son muy buenos alumnos (si
nos atenemos a la definición formal), pero lo más importante
es que son muy buenas personas: se los ve felices y con un desarrollo
armónico. Al resto les lleva tiempo saber qué hacer con
esa maravilla que inesperadamente reciben y que al principio no saben
bien cómo usar.
Quiero terminar con un deseo que es casi obvio, a la luz de esta historia:
ojalá esta nueva cultura pueda expandirse y llegar a todos los
niños y adultos, porque se que el mundo sería mucho mejor
de lo que es. Siento que nuestros niños son portadores de esta
buena nueva y que van a contribuir a ese cambio, que lo que reciben
día a día en "La Cecilia" se reproducirá
con creces a través de sus vidas y sus acciones.
Alicia M. Soler
De Julio, papá de dos alumnos y esposo de Valeria, la maestra
más antigua de la escuela
Amigos:
Creo que luego de mucho tiempo y esfuerzo hoy La Cecilia se encuentra
ante un momento histórico.
Hasta antes de este encuentro muchas veces a nosotros mismos nos costaba
tomar conciencia de la magnitud de la tarea que se realiza en la escuela,
y cuando digo nosotros me refiero tanto a los padres como al plantel
docente. La forma en que muchos docentes, sobre todo del último
nivel se comprometieron con este encuentro y los conceptos vertidos
por algunos de los padres que allí se encontraban hacen que hoy
veamos la escuela de otra manera, en otra dimensión.
Me gustaría destacar no solo el nivel de discusión que
se dio durante estos tres días, sino fundamentalmente la calidez
de la gente que participo. No es sencillo relacionarse tan fácilmente
cuando muchos procedemos de lugares y formas de vida tan disímiles.
Poder compartir charlas tan "familiares" con gente tan rica
cultural y afectivamente hace de este evento una oportunidad casi única,
de la que ojala podamos volver a formar parte. Creo que en este punto
tuvo mucho que ver la "onda" que se le dio desde La Escuela
al evento. Todos suponíamos que podía convertirse en algo
importante, y lo abordamos de esa manera.
Por ultimo, me animo a decir que hoy, después de muchos años,
nos sentimos valorados. Durante mucho tiempo esperamos la "palmada
en la espalda" de nuestra sociedad mas inmediata, de nuestros vecinos,
colegas y amigos, y tuvo que venir un grupo de gente de "lejos"
para que nos demos cuenta del valor real de La Escuela. Gente que no
nos conocía, que nunca nos había visto, pero que supo
darse cuenta enseguida que esto es distinto.
Mis felicitaciones a todos, a Ginés y Nancy Cecilia, a los docentes,
a los alumnos y a los padres, que en mayor o menor medida aportaron
su granito de arena para dejar bien alto la imagen de La Cecilia.
Ojala este compromiso lo redoblemos a diario, cada uno desde nuestro
lugar.
Un gran abrazo.
Julio Usatinsky (Papá de Dana e Ivan).
De Gabriela (mamá, profesora y Directora del Polimodal)
-Domingo 19.30hs. Nos acomodamos en el auto de Julio, él manejaba
a su lado su esposa Valeria (maestra de la escuela).
En la parte de atrás iba Hugo (papá antiguo de la escuela
y siempre colaborador), Caty (la desde siempre secretaria), Erika (la
jovencita rubia que atendía la cantina, alumna) iba sentada sobre
mi falda.
Estábamos súper cargados, también atravesaba todo
el auto los elementos de trabajo que Leonardo (el proyectista) había
utilizado en el encuentro.
Emprendimos el viaje rumbo a Santa Fe. Todos contentos y cansados.
Hicimos unos metros y contamos si llevábamos todo y Erika dice:
¿Para cuando organizamos otro?
- Fuimos en busca de una institución para educar a nuestros
hijos, nos encontramos con un verdadero tesoro para ellos y para nosotros
también.
- De vez en cuando me preguntaba que me animó a confiar la
custodia de mis hijos (de 3 y 2 años en 1994) a una escuelita
del campo, que recién empezaba y en la cual eran evidentes las
dificultades económicas.
Pero me di cuenta, aunque demore un poco en realidad.
No existe la casualidad.
-La Cecilia es un lugar donde la gente (chicos y grandes) tienen la
posibilidad de ser inteligentes, es decir de comprender, de contemplar,
de estar atentos.
-Trabajo en varios lugares, todos ellos son tan... retorcidos.
Mi cable a tierra es la escuela. Es el único lugar sincero, donde
se encuentra la paz.
-Siempre se habla del perfeccionamiento docente, laboral o profesional
continuo, y así me he llenado de títulos y postgrados
que no sirven sino para mantener este estado injusto de cosas.
La Cecilia es el único lugar que conozco que permite estar atento
a uno mismo y a todo a la vez.
-Una vez que comprendo cuanto me condiciona todo, es más fácil
entender mi vida de pareja, la relación con los hijos, con los
alumnos, en la profesión liberal, o sea es aplicable a todo.
Descargo continuamente la mochila para ir más liviano por la
vida.
Gabriela
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