El sábado 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario,
los 25 años, del golpe militar de Videla y sus secuaces en 1976.
Pocos somos ya los que conservamos la memoria directa de aquellos hechos
que significaron el inicio de un baño de sangre y muerte comandado
desde el estado, en poder de los militares.
Nuestros hijos, los que asisten a esta escuela, han nacido en gobiernos
democráticos, con mayores o menores vicisitudes (mi hijo menor
nació en medio de los sucesos de aquella Semana Santa de 1987
cuando el Presidente de la Nación tuvo que afrontar un levantamiento
militar)
La mayoría de los padres de esta escuela nacieron durante la
última dictadura o eran niños durante sus inicios. Como
se suele decir, las personas jóvenes de hoy son cría
de la dictadura,queriendo decir que crecieron durante ese período
negro de la Argentina. Sin duda que sus padres fueron protagonistas
de aquellos tiempos y que de algún lado habrán estado,
aún en el lugar de una neutralidad casi ilusoria. De modo que
crecieron bajo el influjo de los sentimientos profundos de aquellas
épocas, desde la complicidad criminal con los asesinos hasta
la tristeza de la derrota, viviendo el fin de los ideales de justicia
y un mundo mejor junto a la experiencia del horror en forma directa
o a través de familiares o amigos. Es imposible que ello no tiña
de algún modo la vida actual; la vida de ellos, la de sus hijos,
la de la sociedad en su conjunto.
La palabra revolución fue convertida, de la noche a la mañana,
en una mala palabra que representaba y merecía la muerte, al
punto que pasó a un lugar de ocultamiento o descrédito
en el sentimiento popular.
Cuesta enseñar la libertad, la igualdad, los Derechos Humanos,
el amor al fin, cuando se ocultaron durante décadas las infamias
de los herederos del Ejército de San Martín con sus socios
del ámbito económico y gran parte de los políticos
que aún hoy continúan en los escenarios del poder.
Las Fuerzas Armadas que deberían haber sido para defensa
y seguridad del pueblo, se convirtieron una vez más en
asesinos de quienes debían proteger.
Esas mismas Fuerzas Armadas, luego de torturar y asesinar a 30.000 argentinos,
nos embarcaron en una guerra que traería más luto y llanto
a nuestros hogares. La mayoría de los responsables están
en libertad, por obra de la dirigencia política.
Muchas personas añoran la época de los militares. Los
militares... ¿habrán cambiado? Si cambiaron ¿por
qué son militares? ¿Realmente precisamos militares que
nos protejan? ¿De qué nos protegen los ejércitos,
si son ellos quienes hacen las guerras?
Las personas comunes, nuestros familiares, amigos, vecinos... ¿habrán
podido conservar los sueños y las utopías de los años
60 y 70 en algún lugar del corazón?
Posiblemente nunca terminaremos de llorar a los muertos, aunque los
míos preferirían que no los llorara. Preferirían
que trabajáramos cada día para que aquella carnicería
no volviese a ocurrir a la par que continuáramos construyendo
ese mundo mejor que anhelaban.
Estamos intentando levantarnos de la tumba donde quisieron colocarnos,
estamos estirando los restos de esperanza que se nos arrugaron en los
puños cerrados.
Estamos, como entonces, con algunos viejos amigos menos y con algunos
amigos nuevos más, construyendo los cimientos de una nueva sociedad.
No tenemos sed de venganza. Tampoco queremos saber más nada de
los asesinos ni de sus cómplices..
Tenemos sed de mundos nuevos.
Trabajamos cada día en la construcción de una Nueva Cultura.
Ese es el mejor homenaje que se nos ocurre, de hermanos a hermanos.
Ginés del Castillo - 24/03/2001
PERMITIDA SU REPRODUCCIÓN CITANDO LA FUENTE:
Ginés del Castillo (2001) Escuela de la Nueva Cultura La
Cecilia
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