Un héroe poco comprendido
En la Argentina, el 20 de junio se celebra oficialmente
el "Día de la Bandera Argentina" en el aniversario
de la muerte de su creador, Manuel Belgrano.
La vida Belgrano nos muestra a un hombre que supo
aceptar el llamado de su tiempo y asumir con dignidad un destino que,
tal vez, no hubiese preferido. Aún no hemos desentrañado
las enseñanzas que su vida nos legó.
Nacido en estas tierras, de padre genovés
y madre rioplatense hizo sus primeros estudios en Buenos Aires y luego
en España donde se recibe de abogado en la Universidad de Salamanca.
A los 24 años ya ocupaba funciones públicas
dentro del gobierno del Virreinato del Río de la Plata; tuvo
activa participación en las invasiones inglesas (1806-1807),
es nombrado vocal en la Primera Junta de Gobierno (1810) por su activa
participación en los movimientos políticos de aquel mayo
que terminaría con un gobierno propio para lo que había
sido una colonia española. La declaración de la independencia
(1816) lo encuentra en Tucumán, reunido en secreto con los congresistas,
urgiéndolos a la declaración de la independencia de España.
Sin duda era un hombre para gobernar y diseñar
un mundo nuevo. Pero corrían tiempos difíciles y la historia
le pidió, en cambio, que se convirtiera en guerrero para defender
la soberanía de una patria naciente, amenazada por los intereses
imperiales de España que no se resignaba a perder sus colonias
en este Nuevo Mundo.
Al frente de un ejército improvisado tuvo
que salir, cercano a los cuarenta años, al encuentro de las tropas
españolas en los confines del nordeste primero y del noroeste
después.
La historia caricaturesca que nos vendieron en
las escuelas, a mediados del siglo pasado, nos mostraba a un Belgrano
pusilánime, perdedor de batallas, un fracasado al fin cuya única
virtud había sido crear la bandera. Sin embargo no fue así.
Es verdad que la campaña al Paraguay no tuvo éxito militar
pero se enfrentaba un ejército de 800 hombres con uno de 8000;
a pesar de ello la labor civilizadora de Belgrano fue muy importante
al fundar ciudades, dictar leyes y difundir los ideales de libertad
en ese territorio, lo cual conduciría poco después a un
gobierno independiente en esa región.
Su campaña al frente del Ejército del Norte
lo muestra como un hombre sacrificado, abnegado, sin temor a la muerte
ni a la deshonra, capaz de dirigir y alentar a gente desanimada y de
transmitirles los nuevos ideales de libertad que se extendía
por el mundo de la mano y la palabra de hombres como él. El éxodo
jujeño es una muestra de lo que todo un pueblo, casi sin recursos
bélicos, puede hacer por sí mismo; en tales circunstancias
el carácter rebelde de Belgrano ante las órdenes porteñas
le valieron importantes triunfos frente al ejército español.
Sin embargo, aún como militar que debió ser, su interés
no estaba en la violencia sino en la libertad de los pueblos; su generosidad
ante el propio "enemigo" vencido así lo demuestra.
Los intereses de Belgrano en la vida política
son innegables, era un hombre embuído de las modernas ideas de
la Revolución francesa, con ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad,
conocedor profundo de las nuevas teorías económicas, impulsor
de la cultura a través de las escuelas, bibliotecas, periodismo,
fundador de ciudades, legislador a caballo que dejaba un legado de nuevas
formas de organizaciones sociales a la par que avanzaba o retrocedía
con su ejército.
Sin duda que Belgrano hubiese preferido trabajar
para la construcción de un mundo en paz, pero nació en
una época muy diferente a la actual.
Así como Belgrano pide autorización
a la Junta de Gobierno para utilizar los colores de la escarapela para
identificar a los soldados en el campo de batalla y luego enarbola una
bandera con esos colores, poco después San Martín diseña
una bandera "de los Andes" para iniciar su campaña
libertadora junto al pueblo chileno y luego peruano, buscando un símbolo
de unidad latinoamericana que no nos separara de nuestros pueblos hermanos.
Ambos, hoy, preferirían una única
bandera que selle la paz entre todos los pueblos que componen la Patria
Universal.
Ginés del Castillo Junio de 2000
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