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Educación y sexualidad

De eso no se habla

Tradicionalmente la escuela se caracterizó por su abstención en temas sexuales, como si esa problemática no existiese o no perteneciese al ámbito escolar. Los actuales intentos de revertir esta situación no pasan, en general, de nuevos enfoques de las clases de biología abarcando la descripción de los aparatos genitales y funciones reproductoras. En algunos casos se llega a recomendaciones sobre prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual. Desde algunos sectores se prefiere trabajar inculcando preceptos “morales” que restringirían la actividad sexual a la reproducción dentro del matrimonio.
De hecho esta es más o menos la actitud que toma la sociedad en su conjunto, relegando la sexualidad al ámbito familiar o privado, donde tampoco se aborda de un modo honesto y reflexivo.

Eso no se hace

De manera similar, las escuelas han reprimido toda exteriorización más o menos sexuada, incluyendo aquellas que pertenecen al campo de la afectividad. En todo caso, la afectividad legitimada por las escuelas es un conjunto de imperativos morales y estereotipos respecto a la conducta e interrelación social.
Esta postura implica una concepción compartimentada de la persona humana, como si ésta pudiese extirparse sus órganos sexuales o dejar su afectividad en el ropero para ir a la escuela, al trabajo, o al dentista.

EL MENSAJE OCULTO

Siempre estamos enseñando algo sobre sexualidad y valores, aunque no hablemos una palabra sobre ello. El silencio mismo, las opiniones, las actitudes, comportamientos, modo de relacionarse, trato entre las personas, son una clara enseñanza para los jóvenes de lo que los adultos opinan realmente sobre ello.
Los adultos estamos permanentemente modelando un estilo de relaciones entre sexos, sin darnos cuenta, en el hogar y en las escuelas también.

La sexualidad, hoy

En algún momento de la historia evolutiva, el ser humano compartió con los animales el “celo” o impulso sexual irresistible en el período de fecundidad de la hembra, destinado a la reproducción de la especie.
En algún otro tiempo, los seres humanos dejaron de necesitar este impulso como elemento indispensable para la continuidad de la especie, pasaron a organizaciones sociales que introdujo la comunicación y la creación de cultura como elementos nuevos y de fuerte gravitación para la subsistencia. El impulso sexual ya no se limitó al período de fecundidad y nos convertimos en seres en “celo permanente”. De este modo, comunicación, transmisión cultural y sexo se entremezclaron, dando lugar a relaciones inexistentes en el resto de los seres vivos.
Consideraremos la sexualidad actual como la capacidad de comunicarnos, de recibir y dar afecto, de amar y ser amado, de crear y transmitir la cultura, desde la identidad de un impulso sexual..
Esta manera de plantear la sexualidad no la circunscribe al intercambio genital ni a las relaciones de afecto desprovistas, explícitamente, de contenido sexual, como muchas veces se pretende.
De modo que me descubro como un ser necesitado de compañía, de afectos, de amor y también capaz de estar con otros, de transmitir mis afectos, de amar. Al mismo tiempo me veo como un ser que posee una identidad y un impulso sexual desde la cual también, puedo manifestar lo afectivo.
Pero si, como se decía antes, el sexo estuviese en el ser humano solamente para permitir la procreación, serían muchas las cuestiones que no me podría contestar.
¿Cómo juega el sexo en mi vida cotidiana, con mis amigos y amigas, con mis profesores, padres, etc.? ¿Debo ocultarlo, debo exhibirlo? ¿Cuál es el límite? ¿Cuál es el punto medio?
Lamentablemente, la sociedad actual no da respuesta a estas preguntas ni demasiado lugar a resolverlas.

Buscando un nuevo abordaje de la sexualidad en ámbitos escolares

En el año 1998, próximos a comenzar el tercer ciclo, con niños y niñas de 11 a 12 años de edad, tuvimos que plantearnos la necesidad de contar con una política institucional para el abordaje de la sexualidad en la escuela y, por supuesto, con una proyección hacia la familia y la sociedad.
Esto nos llevó a abrir algunos espacios de reflexión, primero entre docentes y luego con los padres y madres. Simultáneamente, ensayamos algunas aproximaciones con los niños y niñas, de las cuales surgieron algunas interesantes ideas con las cuales comenzar a trabajar.

¿Por casa como andamos...?

Una cuestión que surge de inmediato, cuando se comienza a trabajar junto a docentes y/o padres y madres en el tema de la sexualidad, es que todos tenemos algo que decir, algo que ocultar, algo que ver en ello.
Muchas veces estamos pidiendo la reiteración de viejas estrategias sociales que aplicaron con nosotros, aunque no nos demos cuenta y aunque digamos que nos oponemos a ellas. Otras veces, pedimos enfoques desestructurados que luego no sabemos cómo asumir o boicoteamos inconscientemente.
Un primer trabajo sería reflexionar con docentes y padres sobre la formación sexual que tuvimos, sobre nuestras propias carencias afectivas, sobre los prejuicios y condicionamientos que se interponen cada vez que debemos tratar la sexualidad.

De esto también se habla

Algo que comprendimos de inmediato, al comenzar a dialogar con los chicos y chicas, es que hay instalado una especie de silencio y de ocultamiento para el tratamiento de las cuestiones referidas a la sexualidad. De los afectos no se habla como no sea en términos de intercambios “sociales”; del sexo, de la genitalidad, menos aún, salvo que se haga de un modo estereotipado y grosero, distanciado de las emociones.
Cuando les preguntamos por primera vez si querían hablar de sexo, la mayoría dijo que no, a pesar de que luego quedó evidenciado su interés...
Por eso, lo primero que hemos querido hacer, en términos de educación sexual, es dejar clara y vivencialmente establecido que de sexo también se habla. Para ello debemos aprender a comprender nuestros propios prejuicios, dificultades, zonas vedadas, etc., para que no digamos una cosa y hagamos otra.
Los chicos y chicas deben sentir que pueden hablar y ser escuchados, y tener respuestas de un modo libre, distensionado, honesto, no condenatorio.

Aclarando y uniendo cosas sueltas

La vida moderna llena a los niños y niñas de una abrumadora información que, casi siempre, les llega en forma inconexa o hasta incoherente y, muchas veces, deformada.
Un segundo paso, pero simultáneo con el anterior, sería ir permitiendo que se expresen las dudas, que se emitan opiniones, e ir viendo juntos el significado real de cada cosa y las relaciones entre ellas.
Para ello hemos abierto un horario (una “clase”) semanal de Educación de la Sexualidad, como un espacio de reflexión e información sobre la sexualidad.

Aprendiendo cosas nuevas

Un tercer paso, que se debe dar no después sino conjugadamente con los otros dos, es dar información buena, completa, sobre aquellos temas que se vayan detectando como de interés o de carencias, durante las charlas de reflexión. Para ello se requerirá, en general, el aporte de profesionales de diversas disciplinas.

Sexualizando la vida diaria

La sociedad actual no vive la sexualidad con naturalidad. Oscila entre la represión y una liberalización formal, más declamada que real.
En tanto, los jóvenes hacen del sexo una tierra de nadie. Por un lado se ven sometidos a las agresiones de las ofertas imposibles de la sociedad de consumo que ofrece sexo-cigarrillo, sexo-gaseosas, sexo-zapatillas, sexo-galletitas. Provocados permanentemente, excitados, estimulados pero, al mismo tiempo, inmaduros afectivamente, sólo atinan a responder huyendo a la auto-represión o cayendo en la mutua auto gratificación de relaciones sexuales casuales, sin compromiso afectivo, sin amor. En torno, sólo podrán ver a adultos censuradores y represores o aterrados que no saben cómo actuar y prefieren dejar hacer, mirando para otro lado.
Ante semejante caos, quisiéramos devolverle la sexualidad a la vida diaria, o entregársela, si es que nunca la tuvo.
¿Qué significa eso?
Pensamos que se hace necesario desmitificar el sexo, quitarle el lugar prohibido que ocupa.
Esto no significa, de ninguna manera, favorecer prácticas sexuales aberrantes ni
irresponsables. Por el contrario, significa investigar junto a los jóvenes sobre las funciones sexuales y sus relaciones con los afectos, los sentimientos, el respeto a sí mismo, a los demás, a la vida. Ello no puede hacerse aislados en un gabinete sino en la vida misma, observando y observándose en las distintas situaciones y planteando con franqueza las emociones, sensaciones y las dudas y temores que se generan. En nuestra escuela se trabaja con talleres específicos de “Educación de la sexualidad”, pero también a través del taller de “Autoconocimiento” y de la práctica diaria. Todas estas actividades son tendientes a ayudar a comprender las motivaciones más íntimas y las continuas deformaciones de la ercepción, vivenciar el propio cuerpo, expresar los sentimientos, intercambiar afectos desprovistos de
estereotipos.
Lo queramos o no, la sexualidad está siempre presente, y su construcción diaria es lo que nos permite vincularnos afectivamente con el mundo. Por eso es lógico darle un espacio curricular en las escuelas, si es que queremos permitir que en ellas se formen personas íntegras, capaces de relaciones auténticas con los demás.
Más allá de la angustia que el joven puede llegar a experimentar en relación con sus impulsos sexuales, no hemos de olvidar que “La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de superar su separatividad, de abandonar la prisión de su soledad” (Erich Fromm-El arte de amar). En ese sentido, hemos de ayudar a comprender que la sexualidad genital es muchas veces un modo compulsivo, un intento de “atajo”, tendiente a vencer la separatividad. El desarrollo de posibilidades reales de amor “fraterno” puede resolver el problema del aislamiento y dar, entonces, a la sexualidad de la pareja su lugar adecuado y no compensatorio.
También será necesario crear posibilidades reales de expresión de una sexualidad sana, creando ámbitos donde ésta se pueda manifestar abiertamente, sin condena ni prejuicios. Los lugares donde viven los jóvenes hoy en día parecerían limitar los contactos “sexuales” a relaciones exclusivas de pareja (tipo “egotismo à deux”). Casi no hay zonas intermedias entre el no-tocarse y el abordaje sexual genital. Necesitamos construir una nueva cultura donde se corran los límites del intercambio afectivo habitual diario, incorporando más personas y más
permisos en la vida cotidiana, donde no necesitamos practicar el coito con cada persona que se nos cruza pero sí necesitamos sentirnos unidos y poder manifestar esa unidad. Sólo así el sexo genital podrá dejar de ser una evasión compulsiva o un juego irresponsable para pasar a ocupar el lugar que le corresponde en la comunicación-comunión de la pareja humana.
Diseñar espacios y tiempos para que los jóvenes puedan conocerse a sí mismos y a los demás en un modo profundo y desinhibido es una tarea pendiente para los adultos y para los jóvenes
de hoy.

Ginés del castillo Monte Vera, 10 de noviembre de 1998

Permitida su reproducción citando la fuente:
Educación y Sexualidad (1998) - Ginés del Castillo - Escuela de la Nueva Cultura “La Cecilia

 

 

 

 

 

 

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