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Fundamentos

Extracto del documento presentado ante el Servicio Provincial de Educación Privada en el año 1991 para la autorización de la escuela.
La humanidad ha vivido, hasta aquí, una progresiva fragmentación al asignar al proceso cerebral operativo de registro y comparación un rol que excede, ampliamente, su propósito funcional de sostenimiento de la vida.
Durante años el hombre transitó un camino de desarrollo y acumulación basados en el conocimiento y con el fin, casi exclusivo, de obtener control y placer sobre todo y de todo, aún de la propia naturaleza. Este se acrecentó en el presente siglo con el despliegue tecnológico que le ha hecho creer que ya tenía “el toro por las astas” y que cualquier problema que se originase sería resuelto por la propia tecnología, que lo que hoy se ignorase sería descubierto por la ciencia tarde o temprano.
Cualquiera puede ver, a través de los conflictos que afronta la humanidad, el claro fracaso de tales ilusiones.
Esto ya era conocido por Lao-Tse hace 2500 años cuando expresaba en el Tao, párrafo 29:

“¿Crees que puedes conquistar el universo y mejorarlo?
No creo que se pueda.
El universo es móvil y sagrado.
No puede ser moldeado, no puede ser mejorado.
Si tratas de cambiarlo, lo destruirás.
Si tratas de atraparlo, lo perderás.”

Así es como, aunque se hayan obtenido algunos logros espectaculares en el campo científico-tecnológico, se ha perdido el sentido de unidad con la naturaleza, con los otros seres humanos y consigo mismo: esto le quita fundamento a cualquier tipo de acto, que se convierte así en algo contrario a la armonía del universo.
Parece inevitable el ingreso a una Nueva Cultura o el asistir al derrumbe final de ésta con todos nosotros adentro.
Hemos llegado a un punto de máxima saturación. A partir de ahora ya no serán posibles muchas cosas que hasta aquí lo eran; aún las cosas inconvenientes pueden crecer, pero sólo hasta un cierto punto en que se rompe el equilibrio ecológico; el mismo proceso de formación del yo tiene su lugar funcional, pero cuando se sobrepasa ese objetivo empieza a ser una traba aún para el sostén de la vida ya que la acción egocéntrica atenta contra la vida.
Hay un límite que no se puede traspasar sin ingresar en algo por completo diferente. Como cuando se rasga un telón.
Ante el fracaso de esta experiencia de la humanidad se plantean diversas actitudes:

  • Unos intentan el escape hacia delante, en el sentido de incrementar lo mismo que
    generó el problema: más conocimiento, con mayor tecnología, fragmentación cada vez mayor de las ciencias (especialización), separación entre seres humanos, naciones, religiones, exacerbación del éxito, de la actividad egocéntrica a nivel individual, de grupos, pueblos, etc.. Esta salida ya fracasó; sólo los obcecados insisten en ella, o quienes no quieren perder los privilegios que obtienen de ese sistema de cosas.

  • Otros se deciden por las reformas o actividades tendientes a paliar los efectos adversos de un sistema agonizante o muerto, en estado de descomposición. Esta opción carece de futuro si bien puede tener un valor protector y humanitario.
    A través de nuestro trabajo de años en la ecología, el conservacionismo, la divulgación de la necesidad de una vida natural, la alimentación racional y terapias alternativas, hemos transitado este camino de aliviar el sufrimiento humano y evitar un daño mayor a nuestro planeta. Aún hoy continuamos con esta tarea, pero no nos engañamos: de ahí no saldrá la solución que los tiempos reclaman.

  • Sólo se puede dar un audaz salto hacia lo desconocido o sea: fuera de lo conocido.
    Libres de ideas, dogmas, tradiciones, etc. Revisando cada cosa y conservando sólo
    aquello que muestra su pureza y derecho de ser fuera de lo viejo.

Habiendo perdido el camino, sólo podemos tomar referencia de la naturaleza: aquello que no es producto del pensamiento ni del conocimiento, ya que ella es en sí misma y contiene intacto el “código” del universo.
Esta búsqueda de “las fuentes” sólo puede efectuarse en un estado de la mente dotado de gran atención y libre de toda actividad egocéntrica ya que cuando opera el yo en la búsqueda sólo encuentra sus propias proyecciones: como el burro que va tras la zanahoria.
Es inevitable e imprescindible un cambio completo en el modo de percibir, una observación sin condicionamientos, como la resonancia entre el organismo humano y la naturaleza íntima del cosmos y el ambiente que lo rodea; un contacto directo, profundo, global, con “lo que es”, sin distorsión.
Estas consideraciones de la nueva psicología tienen como antecedentes científicos los descubrimientos e investigaciones del físico David Bohm sobre el orden implicado y la holokinesis; Karl Pribram y su modelo holográfico del funcionamiento cerebral; R. Sheldrake y los campos morfogenéticos, etc.. En el orden filosófico, podemos reconocer la vinculación con las enseñanzas del filósofo y educador Jiddu Krishnamurti (1895-1986) con una extensísima bibliografía sobre el tema. Actualmente, las fundaciones Krishnamurti poseen cinco escuelas en la India
(Rajghat, Valle de Rishi, Madrás, Valle de Bangalore y Bombay), una en Ojai, California, EEUU y un Centro Educacional en Brockwood Park, Inglaterra.
Todo esto constituye una fuente inspiradora para este proyecto educativo-cultural.
De modo que lo que llamamos una Nueva Cultura no es ningún nuevo dogma, ideología, filosofía, religión, etc., sino la cultura que surge de la vida libre de la acción egocéntrica, que permite ver a través de los velos de las imágenes acumuladas.
Es indudable el condicionamiento del cerebro humano, genético y cultural, donde la
experiencia de la humanidad durante siglos se encuentra cristalizada en forma de mandatos de autoridad moral, política, religiosa, etc. y donde los actos reflejos, condicionados, inconscientes, superan a la actividad consciente.
Hasta ahora la verdad ha estado en los libros y en las estructuras de poder o autoridad de algún tipo. Esto no ha hecho feliz al ser humano ni ha traído la paz, ni la libertad, ni la igualdad, ni la fraternidad y, mucho menos, el amor, por más que se lo declame. Los unos luchan contra los otros y el hombre anónimo escapa de una vida sin significado a través de las drogas, el sexo, la televisión o el éxito material: una vida perdida.

Proponemos que la verdad es una necesidad básica del ser humano, sin la cual todo lo demás carece de sentido y es generador de conflicto.
Proponemos que la verdad está en la vida misma y que puede ser comprendida en un instante; que esa comprensión es personal e intransferible; que el condicionamiento del cerebro y la actividad del pensamiento impiden esa comprensión.
De tamaña comprensión surge un nuevo modo de vincularse con la naturaleza (ecológico), con los otros seres humanos (comunitario) y consigo mismo (sin ego). Esta es la nueva y última revolución que empieza en el instante mismo de la comprensión y no culmina jamás: se mantiene ardiendo.
Hemos visto que, para estos propósitos, era necesario que la educación se desarrollara en un ambiente natural, en íntimo contacto con la naturaleza, en un clima de libertad muy responsable, donde se recupere el sentido de unidad, de globalidad, la certeza de que no hay que pre-ocuparse del mañana, que la vida está asegurada y que es posible “vivir como las aves del cielo” sin que ello signifique una actitud claudicante ni irresponsable. Reencontrarse con la tierra y la naturaleza respetando los ciclos naturales.
Aprender a cuidar de la propia salud al estilo de Hipócrates (“que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”). Aprender el manejo de terapias naturales y cuidar la salud de la psiquis y el espíritu junto a del cuerpo, ya que son inseparables.
Esta escuela sería un lugar donde se posibilite una transformación profunda de los seres humanos; que no sólo sea excelente académicamente, sino mucho más: ha de favorecer el florecimiento natural del estudiante y del educador. Este florecimiento es el total desarrollo y cultivo de la mente, el corazón y el bienestar físico, viviendo en una armonía tan completa que no haya contradicción alguna entre ellos.
El florecimiento de la mente puede tener lugar sólo cuando hay una percepción clara, objetiva, no personal; cuando la mente no está cargada con ningún tipo de imposición. El florecimiento implica libertad.
Se considera que aprender es memorizar, registrar información; esto produce una mente limitada y, por ende, fuertemente condicionada. El arte de aprender consiste en dar el lugar exacto a la información, el actuar diestramente de acuerdo a lo que se aprende, pero al mismo tiempo implica no estar psicológicamente atado por las limitaciones del conocimiento ni por las imágenes y símbolos que el pensamiento crea. Esto requiere una completa atención: sólo ella posibilitará un nuevo estado de conciencia. El interés fundamental de esta escuela es permitir que se origine una nueva generación de seres humanos libres de la acción egocéntrica.
Por eso, esta escuela es la respuesta a una necesidad planteada en el presente vivo. No es un producto de la imaginación ni de algún deseo de realización o éxito personal. No es un lugar donde lucirnos con nuevas técnicas ni actividades exóticas. Es la respuesta a una necesidad inserta en la vida misma que pide un acto fundacional para poder expresarse; la vida que pide un espacio vacío de ideologías e imágenes personales para poder
manifestarse.

“La Cecilia” es ese espacio vacío: UN ESCENARIO DE UNA NUEVA
CULTURA.

Son muchas las personas que hoy sienten esta necesidad, este llamado desde afuera de “los tiempos”. Algunos son ecologistas, naturistas, macrobióticos, gente que se preocupa por su planeta, por la paz del mundo, por la calidad de la vida, por sus hijos. Ven el horror y la degradación de la vida actual y sienten la necesidad de hacer algo que no se haya hecho jamás: un acto virgen.

“La Cecilia” es el lugar. La Escuela de la Nueva Cultura es la herramienta.

Porque vemos que es posible,
ya mismo,
dejar de andar con el pasado a cuestas
y continuo temor al futuro.
Que el amor y la paz
pueden estar en nosotros
sin esperar nada.
Por eso fundamos esta escuela:
para redescubrir la vida
a cada instante
y vivir
“como las aves del cielo”.

Monte Vera, 30 de julio de 1991

Permitida su reproducción citando la fuente:
Fundamentos (1991) - Escuela de la Nueva Cultura “La Cecilia”

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